Un nuevo rumbo: del diagnóstico a la acción conjunta Capítulos Un nuevo rumbo: del diagnóstico a la acción conjunta ¿Cuál es el propósito de este análisis? ¿Cómo se llevó a cabo el proceso y la metodología de análisis? En la Amazonía, la vida está conectada. Su funcionamiento como sistema hace posible la vida, la sustenta, y traza continuidades que unen ecosistemas y culturas. Este sistema interconectado –hecho de relaciones interdependientes– permite flujos genéticos, sostiene ciclos hidrológicos, almacena enormes cantidades de carbono, y garantiza funciones vitales para la estabilidad regional y planetaria. Sus funciones no son sólo una fuente esencial para el equilibrio climático global, sino una condición indispensable para el bienestar de quienes la habitan y para el desarrollo de las múltiples dinámicas socioeconómicas que se dan más allá de su fronteras[1]. Decir que la Amazonía es un bioma estratégico es reconocer que su importancia trasciende la conservación de la biodiversidad, pues sus ecosistemas son fundamentales para la estabilidad climática y económica[2] a escala global. La comprensión que actualmente se tiene de su influencia a escala regional y planetaria no solo es indiscutible, sino esencial para el presente y futuro de los ocho países que la comparten. Por ser un activo[3] estratégico para toda la región y el planeta, su preservación, vista como una inversión en bienestar a largo plazo, implica mantener las dinámicas de interrelación e interdependencia que le permiten funcionar como un todo. El sistema amazónico ha sufrido un deterioro progresivo en las últimas décadas. Tanto los diagnósticos como su prospectiva están ampliamente documentados y pueden resumirse en los siguientes datos: cerca del 17% de la Amazonía ha sido deforestada y más del 26% está degradada (RAISG, 2022). Si la deforestación alcanza el 25%, se cruzará un umbral crítico –también denominado punto de no retorno– que podría comprometer su funcionalidad ecológica y su capacidad de resiliencia. Esta alarmante situación también afecta a sus pobladores: el 40% de la población urbana amazónica vive por debajo de la línea de pobreza (IDB, 2023), los pueblos indígenas y otras comunidades amazónicas enfrentan amenazas a sus territorios, y la violencia contra los líderes ambientales ha aumentado significativamente en los últimos años. Frente al diagnóstico, y al grave riesgo que implica su profundización, es urgente emprender un nuevo rumbo. Diversas voces y saberes ya han delineado las acciones necesarias para revertir las dinámicas que conducen al deterioro del bioma, orientando las soluciones hacia un camino que prevenga su avance y garantice un desarrollo equilibrado, que no comprometa la integridad del bioma ni el bienestar de sus comunidades. El desafío ahora es construir colectivamente la ruta que haga posible convertir esas propuestas en realidad. A la altura de este desafío sólo puede estar una acción de alcance regional que articule visiones, potencie sinergias y movilice oportunidades de intervención integrales y colaborativas. El gran reto que enfrentamos es activar una transformación profunda que responda a la especificidad del bioma y promueva el bienestar presente y futuro de los ocho países que lo conforman. Lo indispensable es que los países amazónicos actúen de forma conjunta y efectiva, promoviendo soluciones articuladas, realistas y sostenibles. Si la Amazonía nos enseña que todo está conectado y es profundamente interdependiente, así también debe ser nuestra respuesta: colectiva y articulada. Próximo¿Cuál es el propósito de este análisis?