La creciente vulnerabilidad de la Amazonía al cambio climático y la aceleración de la deforestación y la degradación de sus ecosistemas, exigen una respuesta ambiciosa y articulada, basada en una visión sistémica e integral. Una propuesta concreta que refleje dicha necesidad consiste en que los países amazónicos incorporen, dentro del documento que recoge sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), una Meta Amazónica específica, con un enfoque territorial que articule acciones de mitigación y adaptación. Estas metas tendrían el potencial de estar alineadas regionalmente y ser coherentes entre sí, lo que puede generar un impacto transformador en la gestión del bioma.

Estas metas deberán traducirse en compromisos nacionales orientados a garantizar el funcionamiento ecológico de la Amazonía como un sistema integrado, crucial para alcanzar la meta global de reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) al 2030, y para avanzar en estrategias de largo plazo en mitigación y adaptación.

Su implementación permitiría conservar áreas clave de alto valor de carbono y biodiversidad, restaurar áreas degradadas y aplicar estrategias diferenciadas según las dinámicas territoriales: proteger bosques estables en zonas de baja deforestación, y reducir la pérdida y degradación forestal en regiones con mayores presiones. El objetivo es alcanzar la neutralidad de carbono en las porciones nacionales del bioma para el año 2050, al tiempo que se impulsa la adaptación basada en ecosistemas y se fortalece la resiliencia de las comunidades locales frente a los impactos del cambio climático.

Asimismo, estas metas podrían habilitar el acceso a recursos financieros adicionales, tanto nacionales como internacionales, incluyendo mecanismos de financiamiento climático como el Fondo Verde para el Clima. Una Meta Amazónica reflejada en las NDC y acompañada de una estrategia de comunicación que refleje la cooperación regional, permitiría reforzar la contribución e importancia de la Amazonía frente a la crisis climática, generando así un nuevo pacto climático en la Amazonía, basado en la equidad y la cooperación entre Estados, en beneficio del planeta y de las poblaciones que dependen directamente del bioma.